Nación, dinero y poder: el trasfondo del nacionalismo

Nación, dinero y poder: el trasfondo del nacionalismo

Introducción: ¿De dónde eres…. o de dónde te sientes?

Quiero que te tomes un momento para pensar en esto: ¿de dónde eres? Y ahora, una pregunta menos obvia, pero quizás más importante: ¿de dónde te sientes que eres?

Seguro que más de uno se está riendo ahora mismo y pensando: “vaya pregunta, si yo soy de X y me siento de allí, ¡dónde si no!”. Pero lo cierto es que no siempre es tan sencillo. Las dos preguntas con las que empezamos pueden tener respuestas distintas. Y quizá algunos ya intuís por dónde van los tiros… aunque claro, si habéis leído el título del episodio, la sorpresa se os ha arruinado un poco.

La diferencia entre “ser de un lugar” y “sentirse de él” puede parecer sutil, pero encierra mucho más de lo que parece. Para entenderlo mejor, vamos con un ejemplo.

Ser de un lugar vs. sentirse de él

En la actualidad, en España —concretamente en Cataluña—, si preguntas “¿de dónde te sientes?”, obtendrás respuestas muy distintas. Muchos te dirán que se sienten españoles, pero otros tantos responderán que se sienten catalanes y que a España no la quieren ver ni en pintura. Y eso, a pesar de que Cataluña forma parte de la actual España desde hace más de quinientos años.

Es más, seguro que muchos Es más, muchos recordaréis los acontecimientos de 2017, cuando el entonces presidente de la Generalitat, Carles Puigdemont, impulsó un referéndum y una declaración unilateral de independencia con el objetivo de separar a Cataluña del resto de España. Aquel intento, finalmente, no prosperó, pero dejó una huella profunda en la política y la sociedad española.

El sentimiento de pertenencia y el nacimiento del nacionalismo.

¿Qué conclusiones podemos sacar de todo lo dicho hasta ahora?

Pues que las preguntas relacionadas con “de dónde te sientes” están vinculadas a un sentimiento, no necesariamente a la realidad política de un territorio o una población. Ese sentimiento de pertenencia, precisamente, es la esencia del nacionalismo.

Y una vez entendido esto, ya estamos preparados para responder a las preguntas centrales de este capítulo: ¿Qué es el nacionalismo? ¿Cuándo surgió? Y, sobre todo, ¿por qué surgió?

¿Qué es el nacionalismo?

Con todo lo que hemos visto, ya podemos responder a la gran pregunta: ¿Qué es el nacionalismo? Según la RAE, se trata del sentimiento de pertenencia a una nación —exista realmente o se construya simbólicamente— y de la identificación con su historia y su realidad.

Pero más allá de la definición, el nacionalismo es una forma de ver el mundo: una ideología que sitúa a la nación propia en el centro de la acción política.

Orígenes históricos del nacionalismo

Entre finales del siglo XVIII y principios del XIX, el nacionalismo comenzó a tomar la forma que hoy conocemos.

Las guerras de independencia en América, la Revolución Francesa y la resistencia de los pueblos europeos frente a Napoleón encendieron un mismo sentimiento: la idea de pertenecer a una nación, de luchar por ella y de gobernarse a sí mismos.

Ya sea para luchar contra los europeos, defender los ideales de la ilustración o mantener la independencia durante las guerras napoleónicas.

Más allá de las fechas: ¿por qué surgió el nacionalismo?

Pero lo realmente interesante no es saber cuándo nació el nacionalismo ni cómo se propagó.
Lo importante es entender por qué surgió. Y no, no fue porque de repente la gente se despertará un día amando profundamente su bandera o sintiendo una emoción patriótica colectiva. Las raíces del nacionalismo son bastante más complejas… y, en muchos casos, más terrenales.

Claro que puede existir un sentimiento real de pertenencia, una identificación con la tierra, la historia o las instituciones de un lugar.

Pero el nacionalismo, como movimiento político, rara vez nace de forma natural. Detrás de su expansión casi siempre hay grupos que lo impulsan, lo moldean y lo utilizan como herramienta para lograr sus fines.

¿Por qué ocurre esto? Muy sencillo: en toda sociedad hay una clase dominante y otra subordinada. Cuando los intereses de los primeros apuntan en una dirección, intentarán influir en la sociedad para que siga ese camino, aunque no siempre coincida con el interés general.

Y si quieres que hablemos más sobre cómo esto se ha dado a lo largo de la historia, déjanos tu comentario, y lo traeremos en futuros capítulos.

La burguesía, el mercantilismo y el absolutismo.

A finales del siglo XVIII y comienzos del XIX, la clase dominante utilizaba ciertos movimientos de la época para impulsar a los individuos hacia el nacionalismo. Hablamos del absolutismo y del mercantilismo. Pero, ¿cómo estos fenómenos históricos determinaron el nacimiento del nacionalismo? Vamos a descubrirlo.

Un juego de suma cero

En primer lugar, en las sociedades del siglo XIX predominaban las ideas mercantilistas, sobre todo entre la nueva clase burguesa, que estaba consolidándose rápidamente como la nueva clase dominante en Occidente. Los burgueses —comerciantes y fabricantes enriquecidos— entendían que el comercio mundial era un juego de suma cero: para que unos ganasen, otros debían necesariamente perder.

¿Qué consecuencias tenía esta visión de ganadores y perdedores? Básicamente, que los comerciantes locales de la burguesía eran elevados a la categoría de héroes. Pero, ¿y los comerciantes extranjeros? Ahí no había piedad: eran considerados la peor calaña.

La riqueza como poder

¿Por qué se decía que para que unos ganen otros tienen que perder? En la visión mercantilista, la riqueza de una nación se medía en oro y plata. Como estos metales eran limitados y se usaban en los intercambios internacionales, cada país trataba de acumularlos al máximo. Eso significaba que cualquier importación de bienes representaba una salida de oro o plata. En otras palabras, para que un país ganara riqueza, otro tenía que perderla. Por lo que el Estado debía intervenir para controlar el comercio y proteger su economía.

Los mercantilistas no pensaban que las ganancias del comercio solo beneficiaran a la burguesía exportadora. Creían que todo el país se beneficiaba de alguna forma. Puede que te preguntes: “¿Se redistribuía mediante impuestos?” No exactamente. Según su lógica, el oro y la plata que entraban al país circulaban internamente y se distribuían entre la población de manera indirecta mediante el comercio interno, aunque no de forma perfecta.

Implicaciones del mercantilismo: del feudalismo al Estado fuerte

Todo esto no solo tenía implicaciones económicas, sino también políticas, y quizá incluso más profundas. Durante la Edad Media, el feudalismo había dominado la economía y la política.

Pero la nueva realidad que surgía hacía que esas instituciones quedaran obsoletas. Se necesitaban instituciones centralizadas, con capacidad de decisión rápida, capaces de imponer reglas económicas uniformes en todo el territorio.

La meta era clara: construir mercados nacionales integrados que permitieran la independencia económica del Estado, así como, mantener controlada mejor la salida de oro y plata. Además, el mercantilismo exigía que el Estado proyectara su poder internacionalmente: protegiendo rutas comerciales y defendiendo los intereses de sus comerciantes frente a un mundo competitivo y hostil.

En pocas palabras, se necesitaba un Estado fuerte, muy distinto al feudalismo que había imperado hasta entonces. Además del mercantilismo, ¿recordáis la otra idea que dominaba la época? Exactamente: el absolutismo.

El absolutismo como aliado Burgués

El absolutismo implicaba que todos los poderes —legislativo, ejecutivo y judicial— estaban concentrados en un monarca absoluto. La burguesía vio en los reyes a aliados perfectos para llevar adelante sus ambiciones mercantilistas.

Los monarcas tenían un interés muy concreto en estas ideas y en el nacionalismo.

Más allá de otros motivos que los acercaban a la burguesía, entendían que estas políticas podían incrementar la riqueza del Estado… y, por supuesto, la suya propia. Lo cual les servía, entre otras cosas, para sufragar las continuas guerras en las que se encontraban envueltos los monarcas europeos.

La construcción simbólica de la nación

La alianza entre burguesía y monarquía generó una visión de destino común no solo entre estos, sino en el conjunto de individuos del Estado. Estos empiezan a entender que su prosperidad está ligada a la de la nación. Y eso es precisamente lo que la burguesía aprovechó para dar alas al naciente nacionalismo que recorría Occidente.

Para reforzar ese sentimiento de pertenencia se crearon símbolos compartidos —bandera, himno, epopeya nacional— con el objetivo de que la gente asumiera que su destino está unido al del país, convirtiendo la unidad nacional en el fundamento del orden social. En la práctica, esto implicó que cualquier amenaza, interna o externa, al Estado debía ser combatida.

En pocas palabras, si no compartías el ideario nacionalista, mejor ir pensando en hacer las maletas y mudarte, porque esta idea caló muy hondo en las sociedades occidentales.

Del pasado al presente: el nacionalismo hoy

Aunque el mercantilismo ya no es la teoría económica dominante, el nacionalismo sigue siendo el corazón de los Estados-nación modernos.

Y, como siempre, ha sido un proyecto impulsado por los intereses de la clase dominante.

Conclusiones sobre el trasfondo del nacionalismo

El nacionalismo no es simplemente un amor espontáneo por la tierra o la bandera, sino un sentimiento de pertenencia construido y promovido históricamente.

Surgió cuando las personas empiezan a identificar su bienestar con el destino de la nación, un proceso que en sus inicios fue impulsado por la burguesía emergente y los monarcas absolutistas a través del mercantilismo, el poder centralizado y símbolos nacionales compartidos como banderas e himnos.

Lo que llamamos patriotismo muchas veces refleja más la influencia de quienes dominan el poder que una pasión natural, y aunque los contextos económicos y políticos hayan cambiado, el nacionalismo sigue siendo el corazón de los Estados-nación modernos.

Espero que hayas disfrutado de este capítulo. Si quieres seguir explorando cómo el poder y la economía dan forma al mundo que te rodea, suscríbete y no te pierdas nuestros próximos episodios. Si te gusta la historia económica y política, podrás encontrar más artículos como este en Historia económica y política. Y recuerda que ahora también puedes encontrarnos en YouTube: @mundo polieconómico. Un saludo y nos vemos en el próximo capítulo.

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