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Introducción: ¿Por qué prosperan las sociedades y otras fracasan?
¿Por qué unas sociedades prosperan y otras colapsan? ¿Por qué algunas se vuelven democráticas, otras autoritarias, algunas capitalistas y otras comunistas?
Puede parecer una pregunta demasiado compleja y responderla en toda su magnitud lo es, pero entenderla es clave para comprender cómo funciona el mundo… y también, para saber por qué a veces parece que no funciona como debería.
Vivimos rodeados de instituciones, normas, reglas no escritas y valores que damos por sentado. Pero, ¿alguna vez te has preguntado de dónde sale todo eso? ¿Por qué España, Estados Unidos, Rusia o Corea del Norte tienen una forma política concreta y no otra? ¿Qué hace que consideremos a un bloque de países como similares? Por ejemplo, por qué decimos que existe una denominada «sociedad occidental» sin contar estos con un único gobierno común.
Vayamos paso a paso y tratemos juntos de poner un poco de luz sobre todo este asunto. Te pueden parecer cuestiones menores a simple vista, pero en su respuesta se encuentra la llave para abrir la puerta que nos lleva al comienzo del sendero, al camino que nos permite entender el mundo que nos rodea.
¿Qué es una sociedad?
Empecemos por el principio, ¿Qué es una sociedad? A grandes rasgos, una sociedad es una comunidad de individuos que viven juntos, se relacionan, compiten y colaboran pacíficamente en el marco de una organización humana y territorial común.
Las sociedades permiten que las personas mantengamos vínculos directos o indirectos, quizás nunca hayas hablado con el resto de personas de tu bloque, pero la sociedad hace que tú y tus vecinos forméis parte de un sistema más grande.

¿Cómo clasificar a las sociedades?
Estructura política
Las distintas sociedades no son iguales entre sí. Esta es una premisa que debemos tener clara al estudiar las mismas, los motivos por los cuales no lo son te los muestro luego. Pero si partimos de esta idea, claro, debemos buscar una forma de clasificarlas, y, una de las formas más clásicas de hacerlo es por su estructura política. Es decir, por el territorio que abarca esta y por la forma en que se configura la toma de decisiones políticas sobre este.
Por ejemplo, cuando hablamos de España, todos tenemos claro de qué se trata: un conjunto de instituciones que organizan los territorios de gran parte de la península ibérica, baleares y canarias. Sin olvidarnos, claro está, de las ciudades de Ceuta y Melilla. En el caso español, estas instituciones responden, en última instancia a un centro de toma de decisiones político, que es Madrid.
Cuando mencionamos la Unión Europea, el esquema es similar, aunque más difuso: una unión de países europeos que, en mayor o menor medida, comparten ciertas instituciones supranacionales. Ya si hablamos de que es la sociedad europea en general la cosa cambia, a veces, ni los europeos tenemos claro que es Europa o, más bien, que queremos que sea Europa. Pero bueno, eso ya es tema para otro artículo.
Cultura e ideología
Pero existen más formas de clasificar a las sociedades. Para encontrar la siguiente, pensemos: ¿qué es la ‘sociedad occidental’? Ahí ya no hay un centro de poder común, ni una capital única, ni un presidente de Occidente. Y, sin embargo, sabemos a qué nos referimos: Europa Occidental, Estados Unidos, Canadá, Australia… lugares que comparten ciertos valores y una determinada cultura.
Aunque todos estos países estén separados geográficamente, en la práctica, suelen actuar como un bloque cultural e ideológico. En otras palabras, otra forma que tenemos de clasificar las sociedades, al margen de la estructura política, es por su sistema de valores y cultura.
Sistema económico
Las personas no solo vivimos en sociedad para organizarnos políticamente o por nuestros valores. También lo hacemos para sobrevivir, para mejorar nuestro bienestar material, para cooperar y producir juntos.
Ahí entra el sistema económico, esta es otra forma fundamental que tenemos de clasificar sociedades. No es lo mismo vivir en una tribu que cuanta con una economía nómada, a una sociedad feudal, que en una economía de corte comunista o capitalista.
Al mencionarte estos términos, seguro que rápidamente te vienen a la mente imágenes de una vida completamente distinta de un tipo de sociedad a las otras, pero la clave está en saber qué las haces diferente, ¿Eres capaz de ver dónde está la diferencia?
Sé que puede parecer sencillo, alguno me dirá si la pregunta es en serio, pero aquí se tiende a mencionar como diferencia los árboles y no al bosque en su conjunto. La clave está en entender que la diferencia se encuentra en el modo en que se organiza la producción, el intercambio, la propiedad… En última instancia, lo que cambian son las respuestas a las preguntas que todo sistema económico responder con los recursos de los que se disponen:
- ¿Qué y cuánto producir?
- ¿Cómo producir?
- ¿Para quién producir?
El motor oculto: el conflicto social
Llegados a este punto dirás, bien, está claro que hay distintos tipos de sociedades, pero, ¿por qué hay tipos de sociedades tan distintas? ¿Por qué han ido variando a lo largo del tiempo? Pues si te has hecho está pregunta, es una muy buena pregunta y, la respuesta no deja a nadie indiferente, porque se trata del mismísimo motor de la historia y el corazón de todo este asunto, el conflicto social.
Por mucho que hablemos de organización, valores, producción y cooperación… los intereses de las personas rara vez son coincidentes. Algunos quieren conservar lo que tienen. Otros quieren cambiarlo todo. Algunos quieren más libertad, otros más seguridad. Algunos mandan, otros obedecen, aunque no quieren y lo hacen sin saber por qué.

El conflicto de intereses entre los individuos se vuelve exponencial al cruzar los intereses de todos los individuos que componen una sociedad. Esta divergencia de intereses genera tensiones. Y de esas tensiones surgen las instituciones para tratar de canalizarlas.
Las reglas del juego que emanan de estas instituciones no son neutrales: son el resultado de un tira y afloja constante entre grupos sociales con intereses diferentes. Por eso las instituciones no caen del cielo. Nacen del conflicto y se moldean con este. Y su función no es solo organizar: también canalizar ese conflicto y evitar que explote de forma violenta. Pero si dejan de cumplir esa función… entonces el sistema se tambalea. Las tensiones dejan de resolverse dentro de las reglas, y pasamos a la violencia, la revolución, la crisis. La historia está llena de ejemplos. Pensemos, por ejemplo, en la revolución francesa, la revolución rusa, las guerras mundiales, …
¿Qué estudiamos en Mundo Polieconómico?
El conflicto social que da forma a nuestras sociedades es un tema apasionante a la par que intimidante, en el sentido que nuestras vidas o la de los que nos rodean, se pueden ver beneficiadas o truncadas por este. Por ello, en este canal profundizamos a partir de las dos grandes ramas:
- La estructura política
- El sistema económico
Es importante que comprendamos estas no solo de forma aislada, sino también cómo se afectan mutuamente, y cómo su combinación da lugar a distintos tipos de sociedades. Esto nos permite entender mejor el mundo actual, pero también mirar al pasado y hacernos preguntas interesantes. Lo que espero que logremos no es solo responder preguntas, sino entender el por qué de las respuestas.
Conclusión: ¿Por qué estudiar cómo se construyen las sociedades?
Entender cómo se construyen las sociedades no es solo una cuestión académica o de unos cuantos frikis a los que nos gusta el tema. Es entender cómo vivimos. Cómo nos relacionamos. Cómo peleamos por lo que queremos… y cómo decidimos quién gana.
Quizás, si todos aprendemos un poco de lo que nos enseña la historia y las relaciones sociales, encontramos la forma de no destruirnos entre nosotros.
Si alguna vez te has preguntado por qué el mundo es como es —y no de otra forma—, estás en el lugar indicado. Accede mediante los siguientes enlaces a todo nuestro contenido sobre teoría política y teoría económica.



